Para ejercer un liderazgo efectivo, es clave la comunicación con el equipo. Sin embargo, muchos líderes caen en errores comunes al interactuar con sus equipos, transmitiendo mensajes desde la épica y el drama en lugar de fomentar el aprendizaje, la colaboración y el crecimiento. Para lograr una comunicación efectiva, los líderes deben desarrollar habilidades como la humildad, la escucha activa y el uso estratégico de las preguntas abiertas.
Evitar la épica y el drama en la comunicación
Uno de los errores más frecuentes es el uso de la comunicación cargada de épica y dramatismo. Este tipo de discurso se basa en dos actitudes principales:
- Épica: «Menos mal que estoy aquí para salvar la situación».
- Drama: «Si no estuviera aquí, todo se vendría abajo».
Ambos enfoques alejan al líder de su equipo, ya que generan dependencia y una imagen de superioridad en lugar de fomentar la colaboración y el crecimiento conjunto. La realidad es que en las organizaciones no hay «grandes dragones que matar», sino desafíos que deben abordarse de manera estratégica y progresiva.
El verdadero liderazgo no consiste en engrandecer el papel del líder, sino en empoderar al equipo para que piense en grande y actúe con pasos pequeños pero constantes hacia la mejora.
La humildad como base de la comunicación
Un líder efectivo no se comunica desde la autosuficiencia ni desde la creencia de que siempre tiene la razón. La humildad es un elemento esencial para establecer una relación de confianza y respeto con el equipo.
Un liderazgo basado en la humildad implica aceptar que:
- El conocimiento no es absoluto, siempre hay algo nuevo por aprender.
- El líder no es el único poseedor de las respuestas, sino que debe construirlas con su equipo.
- Escuchar y valorar las ideas de los demás fortalece la organización.
- La verdadera grandeza de un líder no se mide por lo que sabe, sino por su capacidad para reconocer y aprovechar la inteligencia colectiva.
Menos afirmaciones y más preguntas abiertas
Otro aspecto clave en la comunicación de un líder es el equilibrio entre afirmaciones e interrogaciones. Muchos líderes cometen el error de comunicarse únicamente a través de instrucciones, órdenes y afirmaciones tajantes. Este estilo de comunicación limita la creatividad y la participación del equipo.
En lugar de imponer respuestas, un líder debe enfocarse en formular preguntas abiertas que estimulen el pensamiento y la colaboración. Algunas estrategias incluyen:
- Plantear desafíos en lugar de dictar soluciones.
- Preguntar «¿Cómo lo harías tú?», en lugar de decir «Esto se hace así».
- Incentivar la reflexión con preguntas como «¿Qué otras opciones podríamos explorar?».
Este enfoque no solo fomenta la creatividad, sino que también permite al líder descubrir nuevas perspectivas y soluciones que quizás no había considerado.
Comunicación para impulsar el potencial del equipo
Un buen líder no se comunica únicamente para obtener resultados inmediatos, sino para estimular el desarrollo de su equipo a largo plazo. La comunicación debe estar orientada no solo a lo que las personas son hoy, sino a lo que pueden llegar a ser. Esto implica:
- Identificar y potenciar talentos ocultos en el equipo.
- No encasillar a los colaboradores en sus roles actuales, sino ayudarles a crecer.
- Hacer preguntas que despierten aspiraciones y nuevas oportunidades.
Cada persona tiene habilidades y aspiraciones que pueden no ser evidentes en su puesto actual. Un líder con buena comunicación es capaz de descubrirlas y ayudar a desarrollarlas.
Separar la persona del cargo
Muchos líderes caen en la trampa de confundir su identidad personal con el cargo que ocupan. Creen que su posición, los beneficios que tienen (como un despacho más grande o un coche de empresa) son reflejo de su valía personal. Sin embargo, un verdadero líder entiende que estos privilegios están ligados a la posición y no a la persona.
El liderazgo auténtico se basa en:
- Comprender que el cargo es temporal, pero las relaciones y el impacto que se deja en los demás perduran.
- No aferrarse al poder ni temer la llegada de alguien mejor.
- Rodearse de personas talentosas y fomentar su crecimiento en lugar de percibirlas como una amenaza.
Una organización exitosa es aquella en la que los líderes impulsan el talento de su equipo en lugar de buscar asegurarse un puesto de poder.